Cada ave tiene su propio color, su propio canto, su propia forma de habitar el mundo.
Y aun así, comparten la misma rama.
Esta ilustración es un recordatorio de que no necesitas parecerte a nadie para pertenecer.
Tu voz, tu ritmo y tu forma de florecer ya son suficientes.
Que cada sorbo sea un momento para volver a ti, a tu esencia, a tu vuelo.